Un día cualquiera en Diannah

Son las cuatro y media de la mañana y empieza a sonar el despertador del móvil de Landing. Lo tiene puesto a esa hora para levantarse, coger su coche y utilizarlo como taxi para llevar a las mujeres del pueblo y sus mercancías al mercado de Kafountine. Después regresa y despierta a los chicos para la oración de las cinco y para que empiecen a hacer las tareas de la casa. Esa es su rutina habitual; ahora sigue teniendo el despertador a esa hora por costumbre, ya que el coche lleva semanas en el taller de Kafountine con una buena avería en el motor. De todas formas, el despertador es lo de menos, porque también a esas horas comienza a cantar el gallo en el gallinero, a un par de metros de mi ventana. A las cinco se une al ruido la oración desde la megafonía de la mezquita, que dura unos tres cuartos de hora. Después de todo eso, termina la oración, dejan salir al gallo y yo puedo dormir una hora más.

Los chicos no tienen tanta suerte como yo. Son tres adolescentes que viven aquí y están a cargo de Landing. Los dos mayores, Djiñor, un chico muy alto y callado de dieciocho años, y Yazin, una chica de dieciséis o diecisiete casi siempre muy hosca, son hijos de un amigo y de un hermano de Landing; sus padres los enviaron aquí por “perezosos”, para que Landing los enderezara a base de trabajo duro en el campo. La pequeña, Aida, tiene quince años y se la ve una chica despierta e inteligente. Es hija de Landing, que la tuvo con dieciocho años, y por lo que me ha contado, aunque no ha entrado en detalles, me da la impresión de que fue un “desliz de juventud”. A las cinco y media ya están los tres haciendo las tareas de la casa: fregar todos los cacharros del día anterior, barrer, sacar a los animales (gallinas, patos, ovejas y cabras) y ponerles comida y agua… Al final desayunan una taza de una especie de papilla o gachas y se van a la escuela, la ECM, que es algo así como el paso intermedio entre la primaria y el instituto.

Mientras tanto, yo voy a una de las dos pequeñas tiendecitas que hay en la plaza del pueblo, detrás de la casa, y cojo el pan para mi propio desayuno y el de Landing. Cuando vuelvo a casa, Daba ya ha puesto a hervir hojas de kinkeliba, un arbusto conocido como el “té africano”. Yo cojo un puñado de tomates de los grandes cestos donde los guardamos tras traerlos del huerto, junto con un par de cebollas, los lavo, los corto y los frío, normalmente en la cocina de butano, pero los últimos días en un brasero de carbón en el patio, porque se ha terminado el gas. Desayunamos el pan con tomate y el té de kinkiliba y nos vamos al huerto a trabajar. Antes, cojo mis botellas de agua, donde voy mezclando Kirène, la omnipresente marca de agua mineral de Senegal, con agua del pozo, para irme acostumbrando. Por el camino hacia el campo atravesamos el pueblo, donde la gente llama a Landing por su nombre y se saludan, y los niños gritan “tubaap” al verme. En la penúltima casa, antes de llegar a los campos, hay una niña de unos dos años que siempre deja lo que esté haciendo, viene corriendo con la manita extendida gritando “tubaap”, me da la mano y se vuelve a sus juegos o a su desayuno. Todos los días. Después el camino continúa entre grandes mangos y palmeras y las vallas de algunos huertos.

Cuando llegamos al nuestro, vamos a la cabaña que hay en medio, el lugar de descanso y de almacenar cosas. Yo dejo mis botellas de agua y me cambio las deportivas por las botas de trabajo, mientras Landing enchufa la radio a la batería de coche que la alimenta y se lía su porro de marihuana mañanero. Luego enciende ambas cosas y empezamos con el trabajo. Quitar hierbas y airear la tierra con una curiosa herramienta que no es más que una varilla de hierro con la punta aplastada y girada para hacer una especie de miniazadillo, que va muy bien para trabajar entre las plantas. Preparar la tierra para sembrar gombo (ocra) y ñebe (judías). O bien recolectar hojas de hibisco para preparar el bissap, un producto muy usado como bebida o como salsa. Hacia las doce el sol aprieta demasiado para seguir trabajando, y nos retiramos a la sombra de la cabaña para descansar. Durante todo el tiempo nos acompaña el sonido de la radio, con música senegalesa, con música estadounidense, con noticias de Radio France International o de Radio Sud, la emisora local de Casamance… Mientras descansamos, hacemos una pequeña hoguera para preparar más té o bien nos hacemos un poco de limonada. Hay un limonero en el huerto, pero los limones me resultan muy extraños. Por fuera parecen naranjas aún verdes, y por dentro son algo a medio camino entre lo que en España llamamos “limón” y una naranja amarga. Hacia las dos, los chicos llegan directamente de la escuela, aún con sus uniformes, pantalón o falda de color crema y camisa azul de manga corta. Apenas han entrado por la puerta empiezan a recibir órdenes bruscas de Landing, que se toma demasiado en serio lo de enderezarlos y los trata con bastante dureza. Se cambian rápidamente de ropa y se ponen a trabajar, sobre todo regando, que es su principal responsabilidad en el huerto. Regar aquí no es una tarea ligera. El agua viene de varios pozos, desde los que dos bombas de gasolina la llevan hasta unos grandes aljibes de cerca de diez mil litros. En estos, Djiñor va llenando regaderas de once litros y llevándoselas a las chicas, que van regando el sector de huerto que les toque y devolviendo los recipientes vacíos al muchacho. Seis regaderas van y vienen sin descanso, y me impresiona ver a Aida,  con sus quince años, llevando los veintidós kilos de agua en sus delgados brazos. Pasadas las tres, Djiñor coge la vieja bici de Landing, que no lleva frenos, tiene una holgura tremenda en los ejes y chirría como si fuera a deshacerse a cada pedalada, y regresa a la casa para traer la comida que Daba ha preparado. Siempre es una gran fuente de arroz con pescado y alguna salsa o verduras, de la que comemos juntos Landing, los chicos y yo. Después de comer, hacia las cuatro, el sol ha bajado lo suficiente para que Landing y yo sigamos trabajando, mientras los muchachos regresan a la escuela para las clases de la tarde.

A eso de las siete, el sol ya se ha ocultado tras las altas palmeras que rodean el huerto y doy por terminada mi jornada. Recojo mis cosas y vuelvo a casa. Landing se queda, porque no le gusta dejar el campo solo mientras aún hay luz, por miedo a que vengan los monos y arrasen con todo, especialmente los tomates. Por la noche no hay este problema porque son animales diurnos. Al salir del huerto me cruzo con Djiñor, Yazin y Aida, que ya vuelven de la escuela y van a seguir trabajando con Landing hasta que la oscuridad haga imposible seguir. Por mi parte, deshago el camino de la mañana, saludando por el camino a los habitantes del pueblo, casi siempre en francés, aunque alguna vez intento usar el “¿qué tal? Bien” que sé decir en wolof. De todas formas, aquí el wolof ya no es la primera lengua, y se usan más el mandinga y el diola, de los que no sé nada (salvo decir gracias, “abaraka” en mandinga). De vuelta en casa, saludo a Daba, al pequeño Mamina y a la madre y la tía de Landing, que también viven aquí. Luego me preparo la ducha, es decir, que lleno un gran cubo de agua en el pozo y me lo llevo al baño para lavarme. Después de la ducha escribo un poco en mi diario, a veces tumbado en la hamaca que hay tendida fuera, entre un mandarino y un mango. Las mandarinas también son iguales por fuera que los limones y las naranjas, pero por dentro sí que se parecen más a las que conocemos en España. A veces echo una mano a Daba para preparar la cena en el patio, y troceo las verduras para la salsa mientras ella fríe pescados con aceite de soja sobre unos carbones encendidos.

Después de cenar la consabida fuente de arroz, Daba intenta dormir a Mamina. Landing y los chicos van al salón; él, para ver las noticias en la tele, y ellos, para estudiar. Cuando me acuesto, entre las nueve y media y las diez, siguen estudiando, con menos de ocho horas por delante para dormir antes de tener que levantarse a aguantar a Landing y a ocuparse de las tareas domésticas…

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19 comentarios en “Un día cualquiera en Diannah

  1. Emilio dijo:

    Está claro que has celebrado por todo lo alto la fiesta del trabajo del 1 de Mayo. Una duda, vas vestido de occidental o con turbante y faldones? es que te veo dentro de este tipo de ropa. Hermoso todo lo que cuentas, siento el viento del desierto en mi cara cuando estoy leyendo tus vivencias. Felicidades

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    • Pues voy vestido con ropa de currar en el campo, o sea, camisetas viejas y vaqueros o pantalón de chándal que he comprado en una tienda de segunda mano; en eso son iguales aquí y en España. Muchas gracias por los comentarios y la compañía a lo largo del viaje.

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  2. carmen dijo:

    Hola hijo,la verdad es que me parece bastante duro donde estas,no duermes, no comes bien, porque tanto te ,no me parece que sea muy bueno ,y como no van a estar delgados ,a base de arroz y te ¡ menudo!.¿Ya habéis dejado los plataneros?,¡pobres los chicos que están a su cargo !¿no? espero que después de lo duro que sea te este gustando ,bueno espero que tu regreso no sea tardío ,te echamos de menos ,un fuerte abrazo con todo mi cariño ,besos besos y besos.TE QUIERO

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    • No exageres las cosas, que yo no he dicho todo eso: sí duermo, aunque sea con interrupciones, como bien, no están muy delgados, sino normales e incluso fuertes, y lo que bebemos no es “té”, sino distintas plantas de aquí. Esto es África, la tierra de las infusiones, donde quien no se toma dos o tres se toma cinco al día. Con lo que sí estoy de acuerdo es con lo de que pobrecillos los chicos, para ellos sí que me parece duro; yo, a fin de cuentas, estoy aquí porque lo he elegido voluntariamente, y puedo organizar mi tiempo y marcharme cuando quiera. Yo tampoco creo que tarde mucho en regresar, también os echo de menos. ¡Ah!, y lo que preguntas de los plataneros, sí, ya lo dejamos, eso solo fue el trabajo de los primeros días.
      Yo también te quiero, y no te preocupes tanto que yo estoy bien. Muchos besos

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  3. Victor dijo:

    Ay, las madres se preocupan mucho, ¿verdad Iván? Pero bueno eso es normal y de agradecer. Aunque supongo que sí es verdad que echarás de menos allí el variar un poco de comida o alguna de aquí. Pero no te preocupes que todo llega, que son cuatro días. Mientras tanto espero que te vayas acostumbrando a la rutina de allí y al hermoso y entrañable cántico de ese maravilloso y queridísimo pajarillo que es el gallo. Ya podía tener un oso perezoso ¿ no?.
    Bueno ya nos seguirás contando.
    Besos y un fuerte abrazo.

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    • Pues sí, ya me pegaré un buen atracón de jamón ibérico cuando vuelva. Por ahora ya estoy acostumbrado a la rutina y los ritmos de aquí. Al gallo ya le he cogido más cariño: hoy he empezado a recompensarle con algo de fruta al oírle cantar. Vamos, que he cogido un mango verde que había en el suelo y se lo he tirado. Ha hecho algo así como “KIKIRI huyyyy” mientras salía corriendo. Eso ha sido después de darme cuenta de por qué lo oigo tan fuerte en mi habitación: es que no canta desde el gallinero, se pone debajo de mi ventana el hijolagramputa. Pero vamos, que hoy duermo en la choza del huerto, lejos de todo, a ver qué tal. Os seguiré contando.
      Un gran abrazo

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  4. SUSANA dijo:

    Madre mía pobres niños, aunque ya sean adolescentes creo q es una vida bastante dura para ellos,deben acabar hechos polvo entre el cole y el trabajo en el campo, echales una mano me han dado mucha pena . yo q tu hacía desaparecer al gallo me ha recordado al q nos despertaba en vacaciones en gandia q era para matarle y eso que solo lo aguantabamos una semana. Cuidate mucho,disfruta del campo q es lo q te gusta y muchos besos de todos

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    • Pues sí, es duro, yo ya le he dicho a Landing que lo mejor es el término medio, ni demasiado duro ni demasiado blando, y que a esas edades son necesarias más horas de descanso para poder desarrollarse bien, pero no me ha escuchado. Y sí, habría que hacer desaparecer al gallo, pero al gallo como especie, no solo a este en concreto. Menudo engendro de bicho.
      Bueno, yo me cuido y disfruto de los paseos, que aquí estoy en mitad de una cantidad de árboles tropicales que no sé cuando voy a volver a ver. Hasta pronto, muchos besos

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  5. amalvinus dijo:

    Pues me parece que no hay mucha diferencia entre lo que narras y la España de hace unos pocos años: menús repetitivos, trabajo duro y el que tenga suerte compaginar con educación en la escuela.
    ¿Que hay de tomarte algún día de reposo? Después de los meses tan arduos que has tenido, no estaría de más algún día “a la bartola” e hincarle el diente a algo mas sustancioso. ¿Quién sabe? Igual hasta sin mucho presupuesto podrías invitar a tus anfitriones llevando un poco del pollo ese del que protestabas por el camino y que ahora te parecerá un manjar!
    Bueno, ya nos contarás que peces son los que comes. También puedes probar el té de hibisco que esta muy bueno.
    Bezotez gogdoz

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  6. ¡Hola! A ver, claro que me tomo días de reposo, lo que he descrito es un día típico pero no son todos así. Normalmente trabajo tres días seguidos y descanso el cuarto. También es verdad que empiezo a sentirme muy cansado, son ya más de cien días de viaje y voy teniendo ganas de volver. De momento creo que voy a quedarme aquí un par de semanas y a emprender el camino de vuelta entonces.
    Por cierto, lo del pollo no me parece mala idea. Lo mismo lo hago. En cuanto a los peces, me parece que no os voy a contar gran cosa, porque no tengo ni puta idea de qué son. Si ya me cuesta con los poquitos que conozco en casa, imagínate aquí. Y el té de hibisco, que aquí llaman bissap, ya lo he probado, mezclado con el zumo del fruto del baobab. También lo he tomado solo, pero frío. Sí que está bueno.
    Bueno, te dejo que se me acaba el tiempo del ciber (con lo mala que es la conexión no da para mucho). Un besazo, hasta pronto

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  7. Charo dijo:

    La vida es más dura para algunos que para otros, eso ya lo sabemos, y la mayor diferencia del estilo de vida lo marca el país donde nazcas y la familia que te toque.
    Que los niños trabajen estamos hartos algunos de verlo y otros al menos por la tele. Pero parece que cuando te lo cuenta alguien cercano te llega más.
    Quien hace la ropa de Zara?. Quien hace las Nike?. Quien hace la mayor parte de ropa, comida y muchas mas cosas que consumimos a diario?
    Yo he visto niños con arrugas, quemados por el sol y con las manos destrozadas, pero también he visto las sonrisas más sinceras y los ojos más alegres en este tipo de países.
    Creo que la peor parte la llevan las niñas, trabajan más y a veces van menos a la escuela que los niños, cuidan de niños más pequeños que ellas y hacen las tareas domésticas casandolas a edad muy temprana, por no hablar de la ablación, pero son las exigencias del lugar que les ha tocado en suerte.
    Ojala todo esto cambiara y dejara de ser tan dura su infancia que se les escapa de las manos sin vivirla.
    Cuéntanos más cositas cuando puedas ir al ciber.
    Un abrazo muy grande

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    • María del Río Mena dijo:

      No recuerdo dónde escuché o leí una mujer africana que huía de un sitio harta de chantaje sexual -incluso por parte de los integrantes de una organización humanitaria- pero encontró lo mismo en la ciudad a la que llegaba: para estudiar debía tener sexo con el director.

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    • La vida de Djiñor, Yazin y Aïda, por suerte, no llega al extremo de dureza de la de otros niños de países más pobres que este. Aunque me preocupa la falta de tiempo para jugar y para dormir y cómo afecta a su desarrollo, al menos de vez en cuando disfrutan de fiestas en la escuela y, en lo material, no les falta lo básico.
      Me da que ya poco os voy a contar desde aquí… ¡ya estoy preparándome para la vuelta!
      Abrazos, hasta pronto

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  8. María del Río Mena dijo:

    Hola, saludos desde Cardiff, capital de Wales. He venido con mi madre y mi hermano Andrés a casa de nuestra hermana mayor Ana, que lleva aquí cuatro años y esta es la tercera visita que recibe de nuestra parte…ya nos reclamaba. Así que estamos en su casa, un octavo piso, buenas vistas. Acabo de hacer lo que hiciste con el gallo a mi hermano Andrés, el malabarista de las pelotas, casualmente me había caído una pelota en la cabeza. Aquí las casas tienen moqueta. Hemos conocido a Jamie, pareja de Ana. Le gusta cocinar, trabajan en la misma empresa (ingeniero químico), Ana, química sin más, se siente inferior creo. También somos muy seguidos, Ana 31, yo 30 y Andrés 29 el 23 de Junio. Jamie currando, es de la edad de Andrés. Viven juntos desde hace año y medio aprox.
    Una duda, ¿cómo lleva Djiñor la fuente de comida en la bici? Tu descripción de la forma de regar me ha hecho pensar en las mangueras y en el riego por goteo. Y en resolver el riego en casa para no regar con agua clorada, que mata microorganismos valiosísimos del suelo, además de ser más cara.
    Perdón por reírme… con…el gallo. Andrés ha bajado a hacer malabares a la calle. Las mujeres trajinan en la cocina, cuando terminen saldremos a pasear por la bahía. La masa de las empanadillas ya está reposando. Saludos con cariño.

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  9. Hmmm… tierras celtas… ¡qué ganas de volver a ellas! Hierba blandita y casas con moqueta. Me está viniendo a la cabeza una imagen de una comodidad que hace ya que no disfruto…
    Las fuentes con la comida aquí se transportan siempre tapadas con otra fuente igual de grande, todo ello envuelto en un paño. Djiñor coloca todo el paquete sobre el portaequipajes, atado con un trozo de cámara de aire.
    Y ríete todo lo que quieras con el gallo, adelante. Es mejor tomárselo a broma. Yo paso mis últimas horas por aquí, listo ya para emprender el camino de regreso.
    Besos. Hasta pronto :)

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  10. Hola Ivan,mi marido y yo volvimos de esa zona hace solo dos meses.Nosotros estabámos en Abene,alli vive mi cuñado Vito,un bay fall muy conocido en Abene.Si necesitaras algo por alli no dudes en buscarlo y le dices que vas de mi parte.Me has rec ordado mucho mi viaje,incluso no descartamos irnos a vivir alli.Un saludo muy fuerte y aqui te espera el jamon iberico(jajajaja,yo tenia obsesion cuando volvi)

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    • ¡Hola! Gracias por la visita y el comentario. Yo, por mi parte, acabo de comenzar el camino de vuelta, y estoy ya otra vez en Dakar. No me extraña que os planteaseis vivir allí, tiene muchos atractivos, pero a mí me estaban pudiendo ya la morriña y las ganas de volver. Y de comer jamón ibérico, jejeje. ¡Un saludo!

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      • Jajajajaja,yo soñaba cn el jamon iberico…!!!has ido al supermercado DIA de Dakar??alli hay de todo,chorizo,jamon,de todo.Yo lo pase un poco mal cn tanto arroz…ufff,yo vivo en Teruel,bueno en Villarluengo en una masia de turismo rural.Te dejo mis datos por si algun dia te apetece visitarnos.Pilar Igual Fernandez,la web es www casacastel.com. y mi tlf 722240790,un saludo y muy buen viaje.

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