Un buen anfitrión en Dakar

Mañana emprendo la última etapa, seis días de viaje tras los que Safír tendrá por fin un merecidísimo descanso. Suleiman ha sido un buen anfitrión estos días, en los que he pasado la mayor parte del tiempo en la zona periférica de Dakar donde él vive. Del centro, he visto poco.

Me ha gustado estar en un barrio cualquiera, lejos del barullo del centro y las zonas más turísticas. Paseando por las calles tengo siempre la impresión de ser el único extranjero que hay en este lugar, y eso me da una cierta sensación de pionero en una tierra exótica por explorar, por más que lo que veo a mi alrededor no deja de ser un barrio normal, con sus calles (de arena, salvo las principales), sus tiendas, sus coches, sus bloques de pisos, su gente hablando por el smartphone… No puedo decir que haya conocido mucho de Dakar, pero he tenido la ventaja de haber ido acompañado por alguien de aquí.

Cuando Suleiman me llevó a la embajada de Gambia, llegamos demasiado temprano, así que fuimos a desayunar mientras esperábamos a que abrieran. Mi compañero me condujo a uno de los muchos “petit restaurants” que son muy populares para desayunar. Son pequeñas carpas rectangulares que te encuentras en cualquier parte, a un lado de la calle. Cuando llegas, apartas la cortina, y, si ves que hay sitio, te sientas en un banco ante una mesa apoyada en unos caballetes, junto a un montón de hombres que están desayunando. Una mujer va atendiéndolos por orden de llegada, sacando barras de pan de un saco de papel, abriéndolas y rellenándolas con una mezcla de ingredientes que puede incluir mayonesa, judías pintas, huevos cocidos, espaguetis, salsa picante… Mientras tanto, otra mujer más joven les va sirviendo vasos de café o de té con leche (en polvo). Cuando uno termina de comer, paga (alrededor de cincuenta céntimos de euro por media barra de pan rellena de judías y un té con leche) y se marcha, dejando su sitio al siguiente. Metido en estas pequeñas carpas, nunca he visto a otro blanco, ni he oído otra lengua que el wolof, ni he dejado de disfrutar de los bocadillos, que están muy buenos, ni de la leche caliente con té de menta, todo un descubrimiento.

También he ido con Suleiman a casa de un amigo que le había invitado a comer. Por el camino, paramos a comprar algo de fruta para aportar a la comida y corresponder a la invitación. Cuando llegamos, entramos en un piso que me hace ver que esta familia no vive mal, en cualquier caso bastante mejor que mi anfitrión, aunque en España no pasaría de ser una casa normal. Paredes bien pintadas, muebles en buen estado –salvo por las rajas en el tapizado de cuero de los sofás–, una tele plana y grandecita que es probablemente la mejor que he visto desde que salí de Tarifa… Suleiman me presenta a su amigo, Bacari, y a la familia de este, sus padres, su mujer y su hijo, un bebé de cuatro meses. En un momento me quedo a solas con el padre, un hombre de pelo y barba blancos, de aspecto respetable, bien vestido con un traje tradicional. Habla muy buen francés y demuestra bastante cultura. Hablamos de mi viaje, y comenta un detalle curioso: cómo los españoles hemos sido siempre grandes exploradores, y yo, que no había pensado en ello, le respondo que es verdad, que a lo mejor sigo un poco esa tradición. Miramos la televisión, donde ponen uno de esos documentales del Discovery Channel que te cuentan cómo se fabrican y se construyen las cosas. Hoy iba de las cajas de cartón, y comenzaba con una máquina monstruosa que derribaba árboles de treinta metros como si fueran palillos de dientes. El hombre comenta las imágenes entre indignado y compungido, evocando los peligros de la deforestación, como la desertificación que viene después. Acabamos hablando del despilfarro de recursos, del consumismo inconsciente de Occidente, del mundo saqueado que heredarán nuestros nietos, de la necesidad de moderarnos y consumir con más cabeza, y estamos de acuerdo en todo.

Poco después llegan más invitados, entre los que me sorprende ver a una mujer blanca. Después de saludarme, me pregunta:
–C’est toi qui fait le vélo?
–Oui, c’est moi.
–Ah, alors tu es espagnol?
–Oui.
–¡Yo también! Suleiman nos ha hablado de ti ¿De dónde de España vienes?
–De Madrid, ¿y tú?
–También de Madrid, pero hace mucho tiempo que no paso por ahí.
La chica se llama Carlota y vive desde hace unos cuantos meses en Dakar, trabajando para una ONG médica francesa. Hace unos cuantos años vino aquí para estudiar cuatro meses, como parte de un programa de intercambio, y Senegal la enganchó tanto que volvió varias veces, para finalmente quedarse. Ahora vive con su novio, Elhadj, un chico de aquí.

Al cabo de un rato, las mujeres de la casa traen al salón una inmensa fuente de arroz con carne y salsa, de la que comemos todos directamente. Acabada la comida, nos subimos a la terraza Bacari, Carlota, Elhadj, Suleiman y yo. Mientras ellos se sirven una copa y “puro”, charlamos, les cuento mi viaje y disfruto de las vistas sobre los alrededores de Dakar. Luego Elhadj se levanta, dibuja en el suelo de la terraza una “muñeca” o rayuela y Bacari y él se ponen a hacer el tonto, saltando a la pata coja sobre las casillas. Ya había visto a los niños jugar a esto en la calle, y me había sorprendido lo internacional de este juego.

Ya por la tarde, Carlota y su novio se despiden. Antes de irse, Elhadj me da el teléfono de su hermano, que vive cerca de Mbour, la próxima ciudad por la que tengo que pasar, para que me quede en su casa. Suleiman también me ha prometido darme los contactos de varios primos que tiene en dos ciudades por las que voy a pasar, uno de ellos policía de aduanas, que me podrá ayudar a pasar la frontera sin problemas. Luego Suleiman, Bacari y yo salimos a tomar algo. Me llevan a un bar junto a la playa. Tiene muy buena pinta, y a pesar de que la mayoría de los clientes son franceses, también hay un par de mesas de gente de aquí. Desde la mesa donde estamos sentados en la terraza, me asomo a la pequeña cala pedregosa que hay debajo, donde dos niñas francesas juegan en el agua, aparentemente insensibles al fresco que empieza a levantarse mientras el sol se pone sobre el Atlántico. Después del chiringuito playero, vamos a casa de Elhadj y Carlota, donde nos invitan a cenar arroz con gombo, una curiosa salsa preparada a base de erizos de mar, ostras y ocra. Después vemos en un canal de tele francesa el resumen de la jornada de las grandes ligas de fútbol europeas: Francia, Inglaterra, Italia y Alemania. ¿Y la liga española? Ni una palabra. Malditos gabachos envidiosos…

A la mañana siguiente, a Suleiman le tocaba madrugón: tenía que recoger a un cliente a las siete. Para mí también había madrugón, como todos los días, en mi caso porque no estoy acostumbrado a las llamadas matutinas a la oración, y no me dejan dormir. Aquí está siendo especialmente doloroso; por un lado, siempre me duermo tarde, bien porque he salido con Suleiman, bien porque ha salido él y me ha tocado abrirle al llegar (porque siempre me deja la llave de casa para que pueda moverme a mis anchas); y por otro lado, como dije en un comentario, aquí los almuédanos son verdaderos torturadores especializados en privación del sueño. No sé si el sonido viene de la misma mezquita o de varias diferentes, pero el caso es que la primera llamada me despierta poco después de las cinco.  Cuando estoy a punto de volver a conciliar el sueño, un rato después, suena una segunda oración. Para rematar la faena, a las seis y cuarto comienza una larga oración cantada que dura más de media hora y que termina de desvelarme por completo. En ese momento tengo un humor de perros y desearía la desaparición de todas las mezquitas y oraciones del mundo, dándole la razón al escritor Arthur Bloch cuando escribió que “un hombre sin religión es como un pez sin bicicleta”.

Me voy a uno de esos “petit restaurants” para curarme el humor con un buen desayuno, y después Suleiman vuelve de su primer recado del día para seguir trabajando, esta vez conmigo como cliente. Me lleva a las embajadas de España y de Gambia para rematar mis asuntos allí, y a la oficina de correos para enviar a casa un paquete con cosas que ya no necesito aquí. Por el camino va hablando por el móvil: “tú tráeme el dinero y yo te llevo la tele… ah, bien, quieres verla primero… pero tienes que decirme qué tipo de tele quieres para buscártela”. En ese momento le suena otro teléfono que tiene, y cuelga el primero para coger este: “sí, no me he olvidado de ti, estoy llevando a un amigo al centro, estamos en un atasco, ahora en quince minutos voy a buscarte”. Lo del atasco es verdad. Parece una mañana bastante estresante para Suleiman. Me cuenta que el centro de Dakar siempre es así, algo que yo pude comprobar días atrás cuando llegué con Safir.

Después de mis recados y de comer algo, Suleiman vuelve a traerme al barrio. Yo me dedico a centrar el freno delantero de Safír y a contaros un poco que tal. Tarde relajada y noche tempranera para salir mañana por la mañana con rumbo a Casamance. Nos vemos pronto, ya más cerca del final del viaje.

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12 comentarios en “Un buen anfitrión en Dakar

  1. Victor dijo:

    Bueno Iván, parece que ya vas llegando al final de este episodio. Más de una y de uno va a echar de menos estos relatos viajeros a los que nos has mal acostumbrado así que podías hacer una cosita: que digo yo, que ya que estás, si no es mucho pedir, cuando llegues a tu destino, en lugar de parar ahí podías tirar un poquito más alante y seguir por toda la costa africana como hacia Ciudad del Cabo, seguir un poquín más y cruzarte en barca de pedales a Madagascar, volver y seguir por toda la costa este y norte hasta llegar de nuevo a Marruecos y desde aquí ir ya a tu destino en Senegal (¿Crees que con el libro que saldría tendríamos bastante?)
    Me alegro de la buena compañía que has tenido en Dakar y de que sigas conociendo a personas buenas e interesantes. Está curioso cómo se desayuna allí en las carpas todos juntos. Lo deberían poner por aquí para confraternizar más unos con otros.
    Ya nos contarás desde la próxima ciudad.
    Un beso fuerte de Auxi y mío. Hasta pronto pequeño gran explorador.

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    • Hombre, si me vuelvo a subir desde Madagascar por la costa este, ya aprovecho y tiro hacia Asia, visito la India y el sureste asiático, cruzo el Pacífico hasta Chile, subo con la bici hasta Canadá, y ya de ahí me cruzo a Islandia y vuelvo a Europa. Eso sí que daría para un buen libro.
      Lo de los “petit restaurant” para desayunar y para comer por setenta y cinco céntimos está muy bien. No tanto por confraternizar, porque muchas veces cada uno va, come y tampoco habla demasiado con los otros, como por aprender algo de sencillez y economía de medios.
      Muchos besos, para que tengas para repartir. Hasta la próxima.

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  2. amalvinus dijo:

    Creo que es todo un lujazo poder estar en casas particulares cuando se viaja. Es la mejor forma de conocer a la gente y su entorno. Que suertudo! Me da mucha envidia, porque es lo que mas me gusta y lo que desearía hacer, de verdad, pero viajando sin tiempo y volver cuando a uno le apetezca, sin fecha señalada …… Algún día lo haré, sigue contando para enriquecernos y engrosarlo en nuestro equipaje…..
    Esta parte de la ruta es de las que mas me gusta, quizás porque me trae muy buenos recuerdos de cuando estuve en Gambia, que debe ser muy similar aunque más pobre, pero para mi creo que el pais del que mas grato recuerdo tengo, por su gente.
    Bezotez gogdoz tubah!

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    • Bueno, pues en el próximo relato contaré lo que me he encontrado en estas casas particulares, aunque he pasado poco tiempo en cada una de ellas. Si te animas a hacerlo por aquí, yo te paso el teléfono de esta gente…
      Gambia la cruzaré dentro de dos días, incha Allah. Ya os contaré qué tal allí. ¡Besos!

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  3. carmen dijo:

    Hola hijo,veo o mejor dicho leo que sigues a gusto con este nuevo amigo ,aunque ya tienes unos pocos por donde quieras que vas !que bien!. que guapo en las fotos y que raro que no engordes con esos desayunos tan copiosos. Me alegro que se estén cumpliendo tus sueños,tambien que la mejor brújula es la del propio corazón porque por muchos obtaculos que encuentres terminas llegando a tu destino bien y feliz y es asi como te veo.Que sigas tan bien en la próxima etapa.Esperando tus nuevas noticias ,recibe todo mi cariño y un monton de besos.TE QUIERO

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    • Hola mamá, no es tan raro que no engorde, haciendo etapas de cien kilómetros en bici uno puede desayunar lo que le venga en gana que no engorda. La gente de aquí es muy amable y hospitalaria, enseguida te ofrecen su casa y su amistad. Me gusta leer lo que me dices sobre seguir mi corazón, y me alegro de que me veas así. Yo también te quiero, ¡muchos besos!

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  4. Yolanda dijo:

    Parece que te lo sigues pasando estupendamente y no te das ni un día de hoymevoyaquedartiradodescansandoquemeloheganado.com, es genial, nunca te había visto tan vital hasta este viaje, pero no se te vaya a ir la pinza leyendo el comentario de Víctor, que tú eres muy capaz!

    Y qué bien, como dice Nines estás teniendo mucha suerte al tener la posibilidad de convivir con gente de la zona que te acompañe, además de no estar solo te permite conocer más la realidad del lugar.

    Pero…¿Bocadillos de judías?¿De espaguetis? Jo, que desayunos más raros, no suena mal si de lo que se trata es de reponer fuerzas, aunque no me imagino levantándome con los ojos pegados pensando ¡hummm…, que bocata de judías pintas con espaguetis me voy a hacer ahora mismo!, claro que cuando uno se siente bien, feliz, con ganas de comerse el mundo y de vivir a tope lo que te ofrece, seguro que todo lo que te pongan delante te sabe a gloria ¿no?

    Estoy deseando que pasen ya estos días para verte ya en tu destino y saber si era lo que esperabas, si estarás bien allí, con qué gente vas a convivir, cómo es el sitio…Vamos, deja de leer y coge a Safir que tienes que llegar ya!

    Ánimo y fuerza, un último empujón!

    Un millón de besos
    Dama la nob

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    • ¡Hola! Nada de undíademevoyaquedartirado, que ya casi estoy tocando mi destino con los dedos. Faltan poco más de doscientos kilómetros, que me haré en dos o tres días.
      Lo de los desayunos es curioso, sí, pero oye, a mí me vale y de hecho me gusta bastante. Creo que ellos tampoco van ahí según saltan de la cama, sino un poco más tarde, de todas formas.
      ¡Hasta la próxima que te escriba, que será ya desde Casamance!
      Muchos besos, dama la nob

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  5. SUSANA dijo:

    Hola Ivan Que cerca ya de tu destino!!!, me alegro de que estés tan bien y de que encuentres a gente que te ayude a sentirte como si estuvieras en tu propia casa. Cuidate mucho. Un beso muy fuerte de todos. Cuando vuelvas ya nos puedes ir preparando recetas de todos los colores xq mira q son curiosas muchas de ellas pero si tu dices q están ricas habrá q probarlas.

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    • ¡Hola! Sí, ya no me queda casi nada. Cuando llegue allí a ver si me enseñan a hacer los platos que he estado comiendo aquí, y cuando vuelva os preparo una fiesta de comida senegalesa. Preparaos para tragar arroz…
      Muchos besos

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  6. Emilio dijo:

    Capítulo gartronómico conde los haya, me recuerda a ese Iván cocinero, que no cocinilla, y tan aficionado a la pasta. Eres grande y lo estás demostrando, tienes una facilidad para escribir pasmosa, me estás dejando de una pieza con tus correrias. Me debes una cerveza y una charla.

    Un abrazo

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